jueves, 5 de noviembre de 2026

 ¿POR QUÉ DEBE PERDER SÁNCHEZ?


Por la corrupción generalizada de todo su entorno. Por Ábalos, su número 2, putero y ladrón, condenado a 24 años. Por su otro número 2, Santos Cerdán, otro corrupto, a prisión. Por Koldo, el portero de puticlub convertido en asesor todopoderoso, condenado a 19 años. Por Leire Díez y las cloacas de Ferraz, desde donde llegaron a intentar canear a una juez al más puro estilo mafioso. Por los más de 120 imputados del PSOE. Por Begoña Gómez y sus chanchullos con empresas que luego rescataba su marido. Por su hermano, condenado, al que se le inventó un puesto para que cobrara el dinero de todos sin ni siquiera saber dónde estaba su oficina. 

Por mentir de una forma tan constante que ha convertido la mentira en su forma de hacer política. Dijo que nunca pactaría con Podemos, y los metió en el gobierno. Dijo que nunca negociaría con Bildu, los herederos de ETA, y lo ha hecho en el Congreso y en Navarra. Dijo que no habría amnistía, y la aprobó en cuanto necesitó siete votos para gobernar. Dijo que reformaría la elección del Consejo General del Poder Judicial, y no lo ha hecho. Hasta dijo que había un comité de expertos en el COVID, y se lo había inventado.

Por haber dividido y enfrentado deliberadamente a los españoles. Porque todo el que discrepa es un fascista, un franquista, un facha, un ultraderechista, un especulador, un explotador. Porque tilda a los periodistas que le critican de máquina del fango, fachosfera, pseudomedios. Porque sus ministros llaman, el día que están más recatados, «saco de mierda» a cualquiera que les lleva la contraria. Porque se les llena la boca hablando de concordia y de tolerancia, pero son incapaces de hacer una sola declaración sin insultar a alguien.

Por una gestión tan desastrosa de las cosas públicas que ya nada funciona. Por unos trenes que eran un orgullo y ahora, en el mejor caso, llegan tarde y, en el peor, se estrellan a medio camino. Por las 115 vidas perdidas en los accidentes de Adamuz y Urda. Por no hacer nada, ni antes, ni durante, ni después, por los valencianos arrasados por la dana, y por responderles «si necesitan más recursos, que los pidan». Por dejar tirada a La Palma tras el volcán. Por el primer apagón total de nuestra historia, que dejó a España a oscuras y porque no se ha hecho nada para que no vuelva a pasar. Por unas carreteras que están perpetuamente en mal estado.

Por haber colonizado todas las instituciones del Estado en su favor. Porque nombró fiscal general a una ministra suya. Porque al fiscal general que puso después lo condenó el Supremo, por primera vez en la historia. Porque a otro ministro lo mandó al Banco de España. Porque a otro lo sentó en el Constitucional. Porque a su vicepresidenta la mandó a presidir el Consejo de Estado. Porque ha convertido el CIS, RTVE, EFE, Correos, Paradores, Red Eléctrica y RENFE en agencias de colocación de sus amigos y compañeros de partido. Porque se gastó 2.300 millones del dinero de todos para controlar Telefónica.

Por haber abandonado Ceuta y los ceutíes a su suerte. Por no haber hecho nada para impedir que invadieran una ciudad española, y por haber hecho menos aún después para arreglar la situación. Por sus sospechosos tratos con Marruecos: por su móvil, espiado con Pegasus, del que salieron 2,6 gigas de datos, y por entregar el Sáhara Occidental sin explicación.

Por sus tratos sucios con la dictadura venezolana. Por Delcy Rodríguez, con prohibición de pisar Europa, aterrizando en Barajas con cuarenta maletas. Y, mira qué casualidad, por rescatar justo después, con el dinero de todos, a una aerolínea venezolana de chiste como Plus Ultra. Por Zapatero, su gran valedor, convertido en mediador de la dictatura venezolana e imputado por ese rescate. Por las joyas de ZP, que no son más que el comienzo de la sucia fortuna que ha acumulado ese que decía que «ser socialista es tener muy poco y dar mucho».

Por una economía que sobrevive dopada a base de deuda, gasto público, fondos europeos y maquillaje estadístico. Por gobernar tres años sin Presupuestos cuando él decía que un gobierno sin presupuestos debía dimitir. Por una deuda pública récord. Por llamar «fijos discontinuos» a los que no trabajan para que no cuenten como parados. Por una vida cada vez más cara: la cesta de la compra cuesta un 41 % más, la vivienda un 70 % más y el alquiler un 45 % más que cuando llegó. Por freírnos a impuestos y más impuestos que nos ahogan. Por un paro juvenil de los más altos de Europa.

Por unas leyes ideológicas que son tóxicas y destructivas. Por la ley del «solo sí es sí», que rebajó la pena a más de 1.200 agresores sexuales y sacó a más de un centenar a la calle. Por la ley trans, una aberración contra la realidad, que afirma que el hombre y la mujer no existen. Por una ley de memoria histórica, pactada con Bildu, revanchista y revisionista. Por una regularización masiva de inmigrantes que ignora todos los límites y riesgos. Por todo eso y mucho más...


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